Cantos de Tyr na nOg
El mar son las estrellas.
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El silencio se parece al origen, un segundo antes.
¿Quién se atreve?
13 de abril de 2008
En medio de la ciudad petrificada algo queda intacto en las esquinas: la facultad de volar.
El druida observa al pie del cañón la ruina y todo lo predestinado a ella. Sus manos plasman la visión de fuego, la estirpe del dragón. En el caos discierne la fuente que inspira y olfatea un manantial oculto de fertilidad.
El druida espera la provocación del mundo; paciente, vigila la ruptura y la hendidura ante su paso.
¿Quién camina entre los abismos como los grillos?
¿Quién sacude el aire desde el cielo?
La tormenta se avecina.
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Posicionamiento
Mientras el alma de la tierra siga viva,
mientras el sol permanezca:
Yo moriré.
No en una esquina de la ciudad,
ni en una landa olvidada,
nunca sin mi corazón entero.
En el centro de la batalla tomaré mi aliento,
la ciudad vivirá
y yo moriré.
Entonces…renaceré
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El viaje de Lug
Hace milenios el cielo se derramó en mi cuerpo,
en mi piel crecieron miríadas de estrellas
y me convertí en un espejo cósmico;
se dibujó un universo en cada poro,
sin fronteras como el amor puro.
En medio de la tierra,
mis luces se confundieron con los soles;
después, las estrellas retornaron a su origen
y yo volví a mi hogar con ellas.
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En los límites
Es inútil buscar la prudencia en el druida, su alma lo habita y la guerra es su
espíritu, que siempre batalla por sus ideales. Por tanto, su esencia natural es
existir en el límite donde vida y muerte se saludan.
El druida puede atestiguar los abismos.

